Turismo e interculturalidad por la Paz


La simbiosis entre el Turismo, la diversidad cultural, el desarrollo sostenible y la Paz ha tomado carta de identidad en el contexto internacional.

La diversidad cultural constituye un activo básico en la supervivencia del Turismo y su conservación y valorización es garantía para el desarrollo de un Turismo respetuoso con las comunidades locales y fuerza de cohesión a favor de la Paz del progreso.

Se trata de recuperar la cara humana de las acciones del Turismo y el Arte de viajar que ha de considerarse como un auténtico fenómeno sociocultural.

El futuro pasa por hacer valer su enorme potencial como vía de interrelación y entendimiento entre los pueblos, las culturas, las razas y los idiomas; como un potente instrumento de intercambio de flujos humanos es uno de los aliados naturales de la Paz. El Turismo y la Paz son inseparables y están relacionados estrechamente hasta tal punto que no se entiende lo uno sin lo otro, sólo si el Turismo se desarrolla desde una perspectiva de responsabilidad y sostenibilidad, constituye una herramienta realmente válida para dicho fin. De lo contrario, el Turismo puede convertirse en un riesgo de los patrimonios tangibles e intangibles, provocando destrucción de los hábitats naturales, afectando a la biodiversidad y distorsionando la realidad cultural de los pueblos, mediante la aculturación y la profundización de la desigualdad social de los destinos económicos débiles y con poco tejido social.

Desde un enfoque responsable, como herramienta de sostenibilidad, el Turismo puede contribuir a valorizar, conservar, rehabilitar y proteger los aspectos naturales, culturales y sociales de los pueblos en los que se desarrolla, contribuyendo igualmente a reanimar las economías locales y a impulsar el bienestar y el aumento de la calidad de vida de las poblaciones anfitrionas, al tiempo que se incrementa la autoestima de las poblaciones que, con frecuencia, carecen de la motivación necesaria para hacerse un hueco en la comunidad universal.

El reto planteado es buscar los modos y medios para que el beneficio material y espiritual de la interacción de los recursos culturales con los factores del desarrollo, que constituyen las culturas vivas, recaiga sobre la sociedad y sobre las comunidades, las cuales deben ser protagonistas directas de los procesos culturales implícitos en el contexto local.